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martes, 7 de junio de 2011

Capítulo 1


La mirada la sentía en mi misma espalda. Amenazadora, inquietante… pero siempre me pasaba que cuando volvía la cabeza no había nadie. Así comenzó mi historia, y así continuo hasta mis días…
La calle Estanfor. Mi casa blanca, con garaje, con jardín… Todo lo que una casa necesitaba. Y mi familia… esa familia que nunca se olvida de lo que te quiere y te cuida… Así eran las cosas en mis tiempos, hasta que paso la tragedia nunca contada…

La primera noche de Diciembre fría como el puro invierno y con viento. Yo estaba paseando tan tranquila por la calle, con mi abrigo negro y mis Converse puestas. Sí, esas zapatillas que nunca se cansaba una de llevarlas fueran o no fueran las verdaderas y que siempre me las ponía para ir al instituto. Esas mismas. Mi pelo recogido en los famosos y graciosos moños que me hacía yo con dos lápices… Y con la alegría que me caracterizaba. Mi antigua personalidad era alegre y extrovertida. Me gustaba mucho salir con mis amigas y dar paseos largos con mi perro Sandy. Pero eso era antes… Mucho antes de contar lo que me paso aquella fría noche.
De vuelta a mi casa, tatareaba un pequeño fragmento que me había compuesto mi novio en aquel tiempo… Tomy. Un chico alto, con el pelo rubio, y con una sonrisa que te dejaba helada… Y por supuesto, era cantante del instituto. Nos pasábamos largas tardes él tocando la guitarra, y yo cantando con mi voz estupenda. No era por presumir, pero se me consideraba la chica que mejor cantaba del estado de Nordon, y nunca me quitaron el título mientras lo tuve en mi poder.
La noche se hacía pesada… Y mis pies, congelados por el duro frío, no podían andar más deprisa de lo que iba… No es que tuviera miedo a la noche, eso era lo de menos, lo malo era el tener hambre. No había comido desde la hora de comer que fue cuando me fui de compras con Lauren, mi mejor amiga. Ese día me compré un vestido para el baile de invierno, el más esperado por todos. Pero no lo estrene jamás…
Ya viendo mi casa a lo lejos, sentí una mirada en mi nuca… Una mirada que me dejo helada, como sin poder pensar, sin poder reaccionar… Y eso fue lo que paso: que no pude moverme. Me pare en el sitio, moviendo la poca nieve que había con mi pies al parar en seco. Quería irme, salir corriendo lejos de allí… De vuelta a mi casa… Pero era imposible.
Y su mano… esa misma mano que me sigo acordando… Fría como el hielo, pero suave como las plumas. Esa mano recorrió mi cuello, mis mejillas, mi pelo… Hasta que pude ver a la persona de esa mano.
Yasmín.
Hasta su nombre me sigue dando asco por todo lo que me ha hecho… Por todo lo que me ha defraudado esa… ¿Cómo llamarla? Mejor hay que descubridlo como lo descubrí yo esa noche…
Yasmín se coloco enfrente de mi, desafiante, orgullosa… Y me dijo sólo estás palabras:
-Tú no perteneces a este mundo.- y a continuación, sacó un cuchillo afilado, largo… pero muy raro a la vista. Llevaba un bordado de dos serpientes en el mango, y en la punta ponían unas letras. Pero no me dio tiempo ni a pensarme que aquella cosa me la iban a clavar justo en el corazón.
Caí al suelo mientras oía y veía borrosamente a Yasmín riéndose. Pero no me olvide de ella… Eso nunca.
Resucite entre las almas para cumplir mi propia y personal misión: acabar con su vida. 

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