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lunes, 20 de junio de 2011

Capítulo 3

-Yasmín no es un juego, Cloe.- me advirtió Adam.
Adam era un ángel desde hacía catorce siglos. Sus ojos color miel me miraban con inteligencia. Su pelo marrón claro, me hacía recordar el pelo de mi padre cuando lo llevaba despeinado nada más levantarse… Adam era alto, y muy atractivo.
-Ella no sabía que Yasmín era tan peligrosa- respondió Paula por mi, mientras se arreglaba las plumas de sus alas blancas y relucientes. Me di cuenta, que mis alas no eran iguales a las de Paula. Las alas de ella eran medianas y blancas como la nieve de las montañas del Norte. En cambio, mis alas eran más alargadas y no eran tan blancas. Tenían un tono grisáceo, y me recordaban al Infierno. Un lugar donde no se podía explicar con palabras.
Adam me pilló mirándole las alas, y las guardó rápidamente. La boca de Adam era perfecta. Una sonrisa radiante y blanca… Era preciosa. No supe porque guardó las alas. Si eran perfectas y se veían fuertes. Me quedé en medio del bosque pensando en que había quedado esa noche con el primer chico que había visto en todo el día.  Aquel chico que había conocido, tenía mi mismo apellido: Stephenson.
Adam se puso a mi lado, y me cogió la mano cuando estaba despistada. Aparté mi mano inconscientemente, y me arrepentí de ello después. El cuerpo de Adam era como una estufa. Paula tosió para indicar que no estábamos los dos solos.
-Hemos terminado con esta misión ¿no?- dijo Paula mirando a Adam seria. 
-¿Misión? ¿Qué misión?- pregunté con curiosidad.
-Ninguna misión, Cloe.- respondió Adam, mientras miraba a Paula. Los dos parecían molestos por algo. Paula miraba a Adam buscando una respuesta, una señal… Pero él no hacía nada.
Paula no protestó. Se quedó en su sitio, con los brazos cruzados debajo del pecho, mirándonos seria. Yo si que dije:
-Ella a dicho que…
-Déjalo. No pasa nada. Nos tenemos que ir ya. Fermín quiere hablar contigo-me interrumpió Adam.
Paula y Adam desplegaron sus alas con una seguridad inmensa. En cambio… yo no hice lo mismo.
-¡Venga! ¡No tenemos todo el día!- me ordenó mi amiga, mientras se levantaba del suelo.
Al final, me convencí que tenía que ir. Saqué mis alas, y respiré aliviada. Con mis alas era una más de grupo, pero no me gustaba demasiado- tirando a nada- las miradas que me llevaba cuando llegaba al Cielo con mis alas en la espalda. Me miraban los demás ángeles como si fuera un bicho raro o incluso un demonio. Yo solo era un ángel más. De camino a nuestro destino, pensaba de nuevo en la frase de Yasmín. “Tú y yo no somos tan diferentes, Cloe”
¿Qué quería decir? Sí que éramos diferentes. Ella solo causaba destrucción y muertes a su paso… Yo salvaba vidas y…
Espera.
Yo no había salvado a ninguna vida ni ayudado a nadie desde que era un ángel. Solo había observado como los demás ángeles se llevaban los aplausos y la gloria. ¿Qué era en realidad? ¿Una ayudante? ¿Un cero a la izquierda? Solo me ordenaban hacer cosas sin sentido, que no ayudaban en nada para mi desarrollo como ángel. Los profesores que enseñaban “ Las cualidades para ser un buen ángel” - que daban esa clase el ángel Marco y otro ángel llamado Gabriela- no se percataban que yo no hacía ninguna de esas cualidades en los ejemplos. Aparte de que nunca me cogían para salir, tampoco se atrevían a preguntarme si lo entendía o no. Yo, agobiada, no entendía porque los profesores pasaban de mi como si tuviera la peste. 
Al parar en el Cielo, unos cincuenta ángeles -entre ellos la mayoría chicas- fueron a recibir al nuevo. Adam. Vi como mi amiga Anastasia se abría paso entre la multitud para ir a mi lado. A pocos pasos de mi, me dijo:
-Me pensaba que no volvías con vida.
Su sonrisa de burlona y pasota me recordaba a mi hermana mayor… O a la que era mi hermana. Mi cara tuvo que ser bastante expresiva, porque Anastasia se apresuro a decir:
-Pero que no lo decía en serio…
¿A qué se refería Anastasia con que no volvía con vida? ¿Tan peligroso había sido bajar del Cielo para poder dar una vuelta por mi antiguo pueblo? Intenté guardar mis alas, pero sin resultado. Cuando me ponía nerviosa, me costaba demasiado esconderlas. Anastasia me miró mis alas con el ceño fruncido.
-Tus alas…- dijo acercándose para tocarlas.
Las aparté de sus manos.
-¿Qué pasa?- pregunté medio asustada.
-Tus plumas son más oscuras ¿no?
Al decir esto, abrí las alas lo suficiente para poder verlas mejor. La verdad, que mis plumas no es que fueran muy blancas… Pero tampoco se habían vueltos más oscuras.
-¿Qué dices?- repliqué mirándome todavía las plumas con curiosidad.
-Que sí. Míralas, Cloe.- se puso a mi lado, y las miró también.- Las plumas. Tienes unas más oscuras que otras. Incluso… ¡tienes una negra!
Asustada por las acusaciones de Anastasia, me levanté del suelo planeando, y volé hacia las nubes para estar lejos de allí. Vi una nube bastante cómoda a la vista, y me paré allí. La nube se movió cuando los mis pies se posaron en ella. Me tambaleé un poco pero controlé el equilibrio. Estando allí, repase en mi mente el rostro de Adam: sus labios finos, su sonrisa perfecta… Su pelo marrón claro despeinado le quedaba divinamente…
Me sorprendí a mí misma. ¡Estaba pensando en un ángel que acababa de conocer!
-Esto es ridículo- susurré enfadada conmigo misma.
-Supuestamente- me contestó Adam, sentándose al lado de mi.
Ni lo miré. ¿Para qué? ¿Para quedarme petrificada por su mirada y su sonrisa? Ni de broma… Cuando él estaba a mi lado, me transmitía su propia tranquilidad como si fuera algo común en él.
-¿Por qué no te vas con tus fans a otra parte?- le pregunté de mala gana.
-Porque quiero estar contigo.
-¿Estar conmigo?- me sonrojé un poco. En realidad, no quería preguntarle eso. Mi pregunta real, tendría que haber sido: ¿ por qué no me has dicho que Yasmín era peligrosa?
-Mira, Cloe. He vivido demasiados siglos como un joven de veinte años ¿sabes? Y nunca he conocido a una chica como tú.
-¿Cómo soy yo?
-Valiente.
-No lo creo…- respondí agachando la cabeza para que no me viera llorar.
Sinceramente, no sabía por qué lloraba. Adam me había alagado, pero yo no podía aceptarlo. No podía aceptar ser valiente al abandonar a mi familia… Yo viviendo en el Cielo, y mis padres sufriendo por mi, llorando mi muerte…
Muy pocas personas me entendieron cuando llegué al Cielo. Muy pocas o ninguna por decirlo también. Adam me cogió la mano con ternura. Su tacto era suave.
-Por mucho que piensas que no eres valiente… Lo eres.- me dijo muy cerca de mi.
Sentía su calor contra mi cuerpo. Enseguida me puse a temblar. Empezaba a hacer frío, y esto se juntaba con la manera de cómo me hablaba Adam. Mis alas hicieron un esfuerzo por salir, pero yo no se lo permití. Notaba la mirada cálida y alegre de Adam en mi rostro, y esto me provocaba una sensación extraña, nunca antes conocida. ¿Por qué a mi? ¿Por qué me tenía que mirar así con tantos ángeles por ahí admirándolo como si fuera un rey? No lo pude soportar, y lo miré a sus ojos color miel. Y esa fue mi perdición. Me quedé embobada mirándole como si fuera el único ser de la Tierra… Parpadeé para mi sorpresa. ¿Qué estaba haciendo?
-Adam, tengo que irme.- dije en voz baja para quitar el silencio incómodo que se había provocado en segundos.
-No te preocupes. Lo siento. Yo…- Adam miró al frente, y a continuación me miró de nuevo.- Yo no quería hacerte pasar un mal rato.
Mi cara no tuvo que ser muy agradable para que Adam me dijera eso. Adam se levantó, flexionó un poco las rodillas, y se lanzó al vacío del Cielo con sus alas perfectas y brillantes. Me limpié como pude las lagrimas que intentaban salir de nuevo, mientras contemplaba las demás nubes y a varios ángeles hablando. En ese instante me puse a pensar… Adam se tenía que haber dado cuenta de que estaba llorando, porque a que venía a cuento eso de: ¿“No quería hacerte pasar un mal rato”?
Las tonterías, los problemas sin solucionar y las emociones trascurridas en ese día, me estaba dejando agotada. Mis parpados hacían un intento en cerrarse varias veces, pero pude sostenerlos para ir a hablar con Fermín de todo lo ocurrido.

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